A veces la esperanza.

Tomado de elmostrador.cl

por tommygun

¿Son 18 días ya? Creo que si. 18 días llevan encerrados 33 mineros a unos 600 metros bajo tierra, en la mina San José de Atacama. Y solo ayer supimos que estaban bien y, sorprendentemente, están todos vivos. Al menos, sorprendente para mí. Si, debo admitir que a diferencia de mucha gente a la que escuché estos días, no esperaba que los mineros hubieran sobrevivido. No todos, al menos. No tenía la esperanza.

Y sin embargo ahí están, triunfantes, aguantando la oscuridad y el aislamiento, la falta de aire y posiblemente la falta de agua y alimentos (no lo sé, no tengo muy claro que tipo de recursos tienen allá abajo), de forma heroica, si se le puede llamar así. Mi falta de esperanza ha sido brillantemente burlada. De ahí la sorpresa, y una sonrisa de felicidad que supongo que demuestra que tengo sentimientos y no desprecio tanto a la gente después de todo.

Y es que la esperanza era el tema complicado. Verán, el año pasado hablaba por Facebook con una ex compañera de curso a quien no veo desde hace tiempo, y que me explicaba su visión de la esperanza como una debilidad y como un antivalor, como una prolongación del dolor, que incapacita al individuo a afrontar y enfrentar su realidad (a los que le pegan a la filosofía o al metal, si, Nietzche todo el rato). No lo admití en ese momento, y le llevé la contra, pero la verdad es que simpatizaba particularmente con esta visión. Quizá la esperanza en realidad era una característica incómoda del ser humano. Un mal sentir, que solo debilita, limita, encierra, produce sufrimiento.

Esta visión no puede sostenerse frente tal cual tras estos días. Sin la esperanza de encontrar algo, las familias no hubieran insistido en la búsqueda de la forma en que lo hicieron, y quizá la opinión pública – y los medios y políticos detrás – no se hubieran interesado tanto en revisar el tema. Por supuesto, hubieron también otros temas que llamaron la atención – la situación laboral de los mineros, las irregularidades en la reapertura de la mina – pero si me preguntan el interés de la mayor parte de las personas con las que he hablado, a las que escuchado y a las que he leído se han interesado particularmente en el drama humano. Y cómo no, si es parte de nuestra naturaleza. Y ver como los compañeros de trabajo y las familias de los mineros esperaban (esperar/esperanza) en el terreno y como incluso mencionaba la posibilidad de entrar ellos a la mina si es que las sondas no funcionaban, como se enfrentaban a sus empleadores el primer día, cuando estos trataban de explicarse, cómo celebraron cuando se recibió el mensaje de los mineros… Son cosas que me han mostrado que, quizá, algunas veces, la esperanza puede ser no una debilidad pasiva sino una fuerza activa, un motor para poder actuar frente a la adversidad y los falsos imposibles, un símbolo de triunfo.

Y no sé, será cierto eso de que a veces es bueno notar que estás equivocado.

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Una respuesta a “A veces la esperanza.

  1. Yo tb. los creí muertos, incluso pedí que si así era, que haya sido el mismo día del derrumbe, para evitar sufrimiento y agonía… y es que vivir en este país te ha enseñado que somos capaces de pasar de la fatalidada al grito de esperanza en muy pocas horas. En este caso reconozco que tb me fui al extremo fatalista, pero qué bueno que nos equivocamos y ahora podemos señalarlo.

    Ahora esos 33 hombres están comenzando a ser utilizados casi como protagonistas de un encierro de tv show, los están manoseando, pese a la profundidad en que se encuentran, están acaparando portadas, comentarios, bromas, etc. Y sabes qué? me vale madre!!! Están vivos y es mejor este show que acaba de comenzar que ese conocido que lleva el close up del ojo con lágrima del familiar lamentando una muerte… Ojalá que nadie, eso sí, olvide controlar las irregularidades, que los políticos se olviden de dar gracias a Dios y trabajen en buscar responsables, y que los Kike Morandé y los Camiroaga, en vez de la nota simpática, tb nos recuerden día a día que son miles los hombres que actualmente siguen en las profundidades de otras minas atrapados en las garras de explotadores indiscriminados…. ai!! ya, cambio y fuera.

    Nunca el cliché de “La esperanza es lo último que se pierde” sonó tan bien. Por eso soy capaz de oír mil veces en los canales de tv a Diego Torres y su himno, aunque no me guste, puedo regalar una pequeña sonrisa de alegría y satisfacción por haberme equivocado.

    EsoOpinoYo

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