La no excelencia de las Políticas Públicas en educación o una observación somera a los Liceos de excelencia

por Danubio

Es una piedra angular del conocimiento de cualquier ciudadano sensato y moralmente correcto, no sólo que la “primera dama” es una doncella impía y ambiciosa, sino también que estamos ad portas de que los liceos de excelencia sean en todo el país una realidad y, el concurso ha puesto en nuestro conocimiento las comunas favorecidas con este magno honor, anunciado en las últimas semanas con mucho boato por las autoridades de gobierno y que, ciertamente, llevará a los vagamundos, borrachos y malentretenidos provincianos las más altas luces de la cultura y artes de la cultura occidental.

La mentada determinación proclamada por el ministro Joaquín Lavín y que, seguramente tiene su origen en la Providencia, ha sido descrita sucintamente por el secretario de Estado como “la vía rápida hacia la movilidad social” y una oportunidad única para los mozuelos mejor dispuestos a los trabajos del aprendizaje, de ser parte (en un futuro no muy lejano) en términos económicos de los sectores más acomodados; esto evidentemente no ofrece espacio a ningún cuestionamiento. Lo que pretendo interrogar en este espacio que de buen grado he solicitado es el espíritu de aquella política.

En un ejercicio que me resulta extremadamente incómodo y motivado quizás por el amor que infunde la primavera en mi corazón, debo señalar que la inversión sobre todo en infraestructura que será realizada me parece sumamente interesante. Sin embargo es menester recordar que, según las estimaciones del sr. Waissbluth y sus apóstoles, sólo podrán acceder a estas mejoras una cantidad reducida de estudiantes secundarios. Mas no es afán mío colmar este espacio de cifras que sean aval indiscutible de mis planteamientos, esos dejémoselo a los que no saben tanto como creen de educación.

Mi interés versa en que esta superficial medida se construye sobre la base de un supuesto tomado como certeza, un axioma de la educación pública cuya manifestación es la PSU (y en los más pequeños el SIMCE). Este instrumento de evaluación cuantitativo determina los conocimientos y en virtud de ellos el futuro de los estudiantes, bajo un concepto de calidad prácticamente hegemónico a nivel global, y que no ha sido cuestionado ni replanteado a pesar de su nocividad tanto para los estudiantes como el sistema educativo en general. Según el mencionado concepto de calidad, un estudiante debe ser capaz de responder a una pregunta determinada con la mayor certeza y precisión posible de manera casi memorística, lo que ha llevado a tremendos vicios en todos los sectores de nuestra educación (como la insensata competencia por obtener mejores puntajes en los test estandarizados, lo que hace abortar cualquier iniciativa pedagógica no orientada hacia dicho objetivo) además del menosprecio en la enseñanza de valores tan importantes como la solidaridad y el pensamiento crítico y la sobrevaloración de otros tan relativos como la competencia.

Además de lo anterior, mantendrá esta medida la primacía de la desigualdad, puesto que establecer ciertos criterios de elección para los jóvenes que quieran ser parte de estos exclusivos crisoles del desarrollo de la patria, se atenderá a un determinado sector dentro de los más desposeídos -considerando que “los pobres” no son una masa de personas uniforme, homogénea- dejando a los siempre postergados, aun más marginados dentro de lo que ellos mismos (y quizás, vuestro humilde servidor) podrían entender como su clase. Algunos, en un optimismo insensato, esgrimirán la idea de que existirá un grupo de estudiantes que podrán entrar a los establecimientos por sorteo y que eso supliría dicho problema, no obstante cabe recordarles que ese grupo constituye una minoría.

Finalmente, y en estrecha relación con los dos puntos señalados anteriormente, considero que las palabras del ministro Lavín promueven consigo un individualismo absurdo y con el que afortunadamente no me siento identificado. Puesto que él dice (o balbucea) que los responsables ulteriores de su rendimiento son los sujetos mismos, “los estudiantes más motivados” y si sus calificaciones y por consiguiente su éxito mejorando su calidad de vida material es producto solamente de su esfuerzo, llegaremos inexorablemente al tan antiguo como pernicioso lugar común de que “los pobres son flojos”. Considerando que los problemas del sistema educativo no pueden ser aislados de aquellos que afectan a la sociedad en su conjunto, hacer responsables de su desempeño completamente a los sujetos escolarizados o también a quienes trabajan con ellos es simplemente una barbaridad.

Cabe señalar, que también será (nuevamente) dividido el gremio de los docentes, creando un grupo diferenciado dentro de ellos reconocidos por su “mejor” desempeño profesional (el que no tiene aval claro por los motivos expuestos en el párrafo anterior), una suerte de “aristoi” (en el sentido de que son “los mejores”) del profesorado que se desempeñan en la educación pública, lo que debilitará aun más (sí, es posible debilitarla aun más) a los otros, los “malos”, los que trabajan con los flojos, en fin, los que tengan que desempeñarse en el resto del sector público.

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5 Respuestas a “La no excelencia de las Políticas Públicas en educación o una observación somera a los Liceos de excelencia

  1. Si bien Lavín no es santo de mi devoción, encuentro que este es un gran paso, un avance concreto para disminuir la desigualdad en el acceso a educación de calidad.
    A todos nos gustaría que el 100% de los colegios tuvieran el apellido “de excelencia”, sin embargo, los recursos son limitados y por algo hay que empezar. Además, en algún punto, tarde o temprano, debes discriminar ¿o no? No todos pueden ser médicos, tal vez sólo es discutible en qué punto se debe hacer.

  2. Yo respondería a tu contrargumentación con el párrafo 4. No es una resolución estructural, se plantea un cambio dentro de los mismos parámetros.

    Es como discutir si en política quisiéramos cambiar a un sistema parlamentario en lugar del presidencial que actualmente tenemos, se toma por certeza que el estado actual de fondo de las cosas es el correcto, es una certeza, no hay un cuestionamiento más reflexivo sobre qué implica tener una constitución creada por un sector para su interes; así mismo no se cuestiona la existencia de una prueba estandarizada como ulterior método evaluativo del aprendizaje de los sujetos escolarizados, el debate se realiza sobre el “hecho consumado” de que ese tipo de pruebas realmente constituyen el único instrumento válido de medición.

  3. Interesante columna, sr. Danubio. No tengo mucho más que aportar, sólo gracias por haber querido utilizar este blog para expresarse.

  4. Hola, me parece interesante lo que postulas. Sin embargo, aunque no encuentro que la política logré muchos avances en nada (por su bajo nivel de alcance, una politica de mkt más que nada), creo que es importante diferencias varias cosas.

    Primero, aunque la PSU no sea la mejor forma de medir quien debe ir a la universidad, alguna forma debe existir. Prefiero además que esa forma sea estándar y que no se consideren ensayos y otras cosas que son muuucho más parciales y dan espacio para discriminar. Ahora, como construir la prueba, no se, pero creo que no es un problema muy grave como esta construida actualmente.

    Segundo punto, creo que la competencia es importante, necesaria y no va en contra de la solidaridad y otros valores. Competencia y solidaridad no van contra puestos, chile es un país nada competitivo y nada solidario. Por otro lado, países asiáticos como Corea o Japón, tienen altos indices de competencia que se condicen con políticas sociales muy solidarias e indices económicos muy igualitarios.

    Tampoco creo que un sistema de sorteos sea más justo, al contrario. Sin duda, nadie estaría de acuerdo que niños preescolares o de 8 años estén compitiendo por entrar en un buen colegio, pero me parece bien que haya un poco de competencia a los 14 años. Principalmente, dado la estructura actual, ¿porque alguien que no tiene interés en utilizar los recursos debe recibirlos dado que gano un sorteo? ¿tendrán esos recursos un buen uso?

    Tampoco creo que se generé más desigualdad, eso es algo imposible.

    Personalmente creo que no existen buenos colegios dado que no existe un concepto de educación adecuado. Cuando se habla de educación, ya sea en la tele, una ley, etc. Se ve que la educación es un entrenamiento para lograr capacidades básicas e ingresas a la universidad. Esto independiente del nivel económico o cultural. De hecho, si realizas test en colegios de altos ingresos, vas a notar que estan o en lo esperado dado su background o por debajo (como salio en un estudio hace un tiempo, lo cual esta en linea con los test internacionales)

  5. Por eso creo que es necesario reenfocar lo que es educación, como un concepto holistico de desarrollo de capacidades y habilidades, que realmente motive a los jovenes a aprender. Además, es necesario un ajuste a todos los colegios, porque una medida como esta tiene beneficios marginales, siendo casi una medida parche. En realidad, el problema es mucho más de fondo y necesita una re estructuración completa de fondos, malla curricular, carrera docente, etc etc etc.
    No olvidemos que por segundo mejor, de repente con medidas como estas vamos a estar peor que antes.

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