Educación, economía y otras filosofías

20110728-004130.jpg

Por Edo

Estos días he estado pensando bastante en el tema de la educación, teniendo varias conversaciones con varios amigos. Pero como todo joven sin tiempo, nunca escribí nada ni concreticé nada, hasta que hace dos semanas me embarque desde San Antonio a Conce y pase 3 dias desconectados, en los que me puse a escuchar música, leer y escribir, asi que les dejo lo que pienso y mandenme sus comentarios para ir mejorando.

Texto:

En estos últimos años y particularmente estas últimas semanas, hemos visto que la educación se ha instalado como una de las principales discusiones del país. Hemos visto los carteles, los estudiantes marchando, algunos incluso han sido víctimas de lacrimógenas; y otros hemos visto el conflicto cómodamente desde la TV. Muchos comentarios pasan y vienen sobre la mala educación existente, el problema del lucro, entre otros muchos temas que copan la discusión pública y que podemos seguir bastante a fondo a través de Twitter. Muchos expertos indican que los problemas de la educación van más allá de simplemente entregar dinero al sistema (y mucho menos a través de créditos, léase muy bien GANE), sino que enfrentamos una crisis estructural para la que se necesitan soluciones de fondo. Muchos nos hemos encontrado con letreros sobre la estatificación de ésta, el fin de la municipalización y otras soluciones que místicamente nos guiarán hacia la calidad tan deseada. Dentro del análisis del problema hay poca gente discutiendo los temas importantes, muchos se han perdido en el medio de la tormenta y varios más se han ahogado en un vaso de agua (que en este caso parece un océano). Pero paremos un segundo y pensemos bien lo que ocurre,

porque de otra forma también acabaremos como la mayoría confundiendo los medios con el fin y de esta forma perdiendo el rumbo que debemos buscar para la educación.

Las primeras preguntas que necesitamos hacernos son la siguientes, ¿Por qué necesitamos una educación de calidad para todos? ¿Es acaso una herramienta mágica que va a llenar de dinero los bolsillos de todos y solucionar misteriosamente la desigualdad? ¿A través de la educación se logrará que el país sea feliz y olvide todos sus problemas, como si una pastilla de cultura cambie drásticamente las raíces descarnadas de nuestra sociedad? ¿Acaso son las universidades los nuevos templos del consumo que deben ser corregidos para que cada estudiante encuentre su lugar?

Sin duda la educación es deseable, y existe un acuerdo en que necesitamos mejorar la calidad de nuestras escuelas. Sin embargo, se cae en el error de pensar que éstas son fabricas que entregan conocimiento a estudiantes, quienes lograrán mejorar su productividad y permitirán que el país logre alcanzar el tan deseado desarrollo; concepto que para muchas personas y políticos, no es más que un aumento de la riqueza nacional y la aceptación por parte de los países ricos de que nos “parecemos”.

Bajo este esquema, nos olvidamos del estudiante, quien es intrumentalizado en pos de lograr “algo mejor”, del bien del país y de la productividad nacional. Es por esto que “debemos asegurarnos” de que estos jóvenes logren tener los conocimientos y capacidades necesarias para el crecimiento, por lo que debemos medir cada uno de los colegios y estudiantes, etiquetandolos con los puntajes logrados en la prueba internacional PISA, SIMCE y en la PSU.

Sin embargo es un error pensar que los estudiantes son un input productivo más, al igual que un computador o una soldadora. Esta estreches de pensamiento esta muy arraigada en nuestra sociedad, impidiendo entender realmente como dirigir la discusión y mucho menos lograr un objetivo para la educación.

Estas ideas han sido forzadas en nuestro tejido social con la reforma educacional de los años ochenta, en donde pasamos de un proceso estatal, donde se entregaban conocimientos a los jóvenes para su desarrollo futuro, a un sistema donde la educación es un servicio que debe obligatoriamente ser consumido por todos los jóvenes, bajo la responsabilidad de sus familias, quienes en muchos casos no tienen las herramientas suficiente para entregar una educación adecuada a sus hijos.

Por lo tanto los colegios venden educación a las familias, quienes encuentran esta deseable, dado que permite mejorar las capacidades productivas de sus miembros y mejorar sus ingresos futuros. En este contexto, los colegios públicos fueron dejados en segundo plano, por la mala concepción de que el estado es incapaz de entregar servicios de calidad, es ineficiente y por lo tanto el mercado debe tomar su lugar, como guerrero de la eficiencia y del bien común. No olvidemos que la maravillosa mano invisible que permite que tengamos refrigeradores y celulares de calidad, funcionará de la misma forma con la educación. Sin embargo, los genios del libre mercado olvidaron que éste no es perfecto y bajo problemas de información, incentivos y otros varios que no pasaré a detallar, hacen que este sistema esté destinado a fracasar, siendo actualmente un muerto que debemos empujar.

Dentro de los muchos problemas existentes, me gustaría recalcar uno, en el cual claramente subyace el problema de pensar en la educación como un mero servicio privado. Al ver el programa educacional del Ministerio de Educación encontramos una lista de conocimientos que deben ser vendidos a los estudiantes, al igual que una larga y poco clara lista de habilidades a desarrollar por los jóvenes. Bajo el contexto de mercado, el objetivo de los colegios es la maximización de beneficios (del sostenedor), quien por lo tanto intentará entregar la educación de menor costo posible a sus estudiantes. Si las familias son el consumidor último y bajo la incapacidad de medir concretamente estas fabricas, sumado a la baja competencia existente (por lo menos por calidad), vemos que solamente cuando es tarde una persona puede notar que sus conocimientos son de bajo nivel, sin ni siquiera cumplir con lo establecido por el Ministerio de Educación.

En este contexto y bajo la escasez de colegios “con buenos puntajes”, los que logran superar la media se vuelven deseables y logran seleccionar a sus estudiantes y cobrar más; dando vuelta de esta forma el concepto de mercado por el cual era tan deseable la reforma de los 80, donde los colegios compiten por los alumnos y no éstos por los colegios.

Sin embargo, ¿Es correcta la visión actual de que la educación debe ser una fabrica de conocimientos? No, la educación va más allá de esto, siendo un resultado de un proceso de maduración personal y no sólo de adquisición de conocimientos. La visión económica actual es incapaz de encontrar por si sola una solución, dado que olvida a los jóvenes y el deber de la educación de apoyar los procesos cognitivos y de creación de estructuras mentales, que de no ser logrados adecuadamente en las etapas correspondientes, los niños ven mermadas sus capacidades futuras, mermando su desarrollo pleno y libre.

Es por esto que la discusión actual debiera centrarse en que tipo de educación queremos entregar a los futuros niños que entren a los colegios, entendiendo entonces que la educación es un proceso que permite el desarrollo intelectual, físico, social y emocional, entregando las herramientas para un auto conocimiento y generación de capacidades que permitan un real y completo desarrollo de las libertades de los individuos. Debemos igualar las capacidades de nuestros jóvenes, para que libremente encuentren su camino y no debemos caer en el error actual de criar hormigas que muevan piedras. En este aspecto debemos ahondar y llegar a consenso de que capacidades y de que forma queremos que nuestros jóvenes se desarrollen.

Amartya Sen, un filosofo y economista que me vuela la cabeza, con premio nobel y con varios logros importantes, como por ejemplo lograr que sus ideas hayan sido la base para la creación del indice de desarrollo humano. Sen profundiza en las libertades positivas y negativas, enfocandose en la primera. Las libertades positivas son la real capacidad de hacer algo, mientras que las libertades negativas, que son el enfoque más utilizado en economía, se preocupa de no interferir. Amartya Sen, además argumenta que los estados deben ser juzgados por las reales capacidades que entregan a sus ciudadanos. En este sentido, notamos que el enfoque actual de libertades no interfiere en que una persona realmente acceda a educación, sin embargo no entrega las capacidades para hacerlo; por lo cual el Estado estaría fallando en entregar este derecho.

Dentro de las ideas de Sen un derecho o capacidad en si mismo no tiene sentido si es que no se logran superar las funciones que permiten al individuo realmente lograr ejercerlo. En el caso de la educación, para realmente entregar esta capacidad, es necesario que las personas tengan las “funciones” que les permitan efectivamente acceder a ésta, tales como cuadernos, locomoción, libros, entre otras muchas barreras que deben ser removidas para que el individuo realmente tenga la capacidad y libertad de ser educado. Por lo tanto, bajo el esquema actual de la constitución, el derecho a la educación esta vacío, dado que aunque no puede ser quitado, no elimina las barreras existentes para que todos los ciudadanos accedan a una educación de calidad.

Una vez teniendo claro que el objetivo de la educación es el desarrollo de los jóvenes, nos encontramos con otro problema que impide que logremos esta meta, dado que a pesar de que existen muchos profesores con vocación, existen también los que no tienen. Imaginemos por un segundo que existe un buen sistema de becas y una carrera docente rentable que permita que personas de mejor puntaje de ingreso entren a estudiar pedagogía. ¿Es esto suficiente pare que los profesores entreguen una enseñanza de calidad? No, debemos asegurarnos que las personas encargadas de educar a los niños no sólo tengan el conocimiento sino que también las capacidades para ayudar al desarrollo integral de los jóvenes. Sin duda el que la carrera docente sea rentable para quienes lo estudian es requisito necesario para mejorar la calidad de educación, pero no es suficiente, por lo que una vez teniendo claro que tipo de educación queremos entregar, y que capacidades queremos desarrollar, entonces debemos definir que perfil debe tener un educador y que herramientas y habilidades debe desarrollar para cumplir esta compleja tarea. Es importante tener claro que un ingeniero no puede ser considerado calificado para hacer clases con tan solo un semestre de estudios pedagógicos, no tampoco podemos caer en enfocarnos solo en los conocimientos que debe aprender un profesor. Es necesario que estemos claros que para que un profesor sea eficiente debe tener vocación y esta debe ser potenciada por sus estudios y por su labor. Para eso debemos encargarnos de entregar las herramientas necesarias.

Estas son preguntas importantes y debemos resolverlas a través de un proceso democrático, incluyendo a todos los involucrados y solo se pueden encontrar soluciones a través de un fuerte proceso de discusión nacional.

Dado lo complejo del proceso educacional, el cual involucra al estado, colegios, sostenedores/directores, estudiantes y sus familias, es muy importante lograr encontrar el norte de nuestro objetivo educacional. Lamentablemente, y me duele escuchar, la actual instrumentalización existente de este tema, donde se busca como objetivo el igualar oportunidades, ingresos y lograr el salto al desarrollo. Estamos tomando muy livianamente la discusión y no estamos tomando el peso de lo que realmente implica formar a un joven.

También olvidamos que al no tener claro nuestro rumbo caemos fácilmente en copiar otros modelos, que funcionan en otras realidades y que tienen otros objetivos. Por lo que si traemos el modelo de España o Finlandia, claramente no va a funcionar, como no ha traído cambios la reforma de finales de los 90′. Para que podamos resolver los problemas, debemos primero tener claro el objetivo y después buscar los medios y la forma para lograrlos. Actualmente hemos caído en un debate de sordos, donde discutimos que debemos que llevar en nuestras mochilas para un viaje, si bloqueador solar o un abrigo, pero sin definir aún a que lugar queremos ir.

La educación en si misma es un proceso del estudiante y el fin es el desarrollo del individuo y sus capacidades para que pueda ejercer plenamente sus libertades, siendo importante no instrumentalizar este proceso. Es necesario notar que si no tenemos el norte claro, cualquier reforma va a fallar. Si además le sumamos una falta de recursos y esfuerzos en pos de este objetivo final, nuestro sistema educacional se mantendrá fracasado y no logrará cumplir con los deseados efectos colaterales que tanto se buscan alcanzar. Es por esto que es para una pena escuchar la pobre discusión pública.

Anuncios

2 Respuestas a “Educación, economía y otras filosofías

  1. Muy buena reseña. La contextualización relativa a la aplicación de próximas reformas, creo que es algo importantísimo a la hora de evaluar el paso siguiente en las movilizaciones.
    Congrats

  2. Nande ya ne!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s