No más migajas

por Clau

Era Mayo de 2006 y daban en la tele “Actores Secundarios“. Hasta ese día, no tenía idea del movimiento estudiantil en dictadura y con mi familia comentábamos que ahora faltaba garra, que el país no estaba bien pero nadie reclamaba. Creo que pasó poco más de una semana y, de manera sorpresiva, estalló la “Revolución Pingüina”.

Es verdad que no se logró mucho. Hubo una mesa de diálogo y, de eso, salió un informe sin patas ni cabeza. El tiempo pasó y otros temas ocuparon la agenda periodística y de gobierno pero esos mismos cabros entraron a la Universidad y se volvieron a juntar, simplemente, porque se dan cuenta que el sistema no es digno y no tienen miedo de decirlo.

Muchos se preguntan porqué esto sucede ahora y no en los gobiernos de la concertación y usan este argumento para tildar al movimiento de comunista. Creo que esto ocurre porque tomó años y, más que eso, generaciones para que el miedo de protestar se fuese. Las pensiones son indignas, la salud tiene serios problemas, la educación no es integral, si naces pobre la probabilidad de mejorar tus ingresos es muy baja y si naces rico la probabilidad de volverte pobre es cercana a cero. En un país sin movilidad social, el problema no es que ahora se proteste sino que es haber aguantado por demasiado tiempo.

Intervención de Gastón Urrutia en el Senado

Personalmente, no partiría por pedir la gratuidad de la Educación Superior. Me encantaría que no se pagara pero, dadas las restricciones de presupuesto y expertos que se puedan dedicar a la causa, creo que lo mejor sería formular un plan en etapas. Probablemente, de décadas. Se requieren cambios de base y si no se puede tener todo junto, mi procedimiento sería el siguiente:

  • Empezaría por eliminar el estatuto docente (me apesta que Guajardo se agarre de este movimiento para que nadie reclame por la calidad de sus representados).
  • Transformaría las escuelas subvencionadas en municipales, debido a sus incentivos perversos  y para no generar conflictos innecesarios, no eliminaría los particulares (sólo representan el 7% de la matrícula).
  •  Regularía que todos recibieran los mismos contenidos y que se reforzara a los alumnos con más dificultades.
  • Eliminaría las universidades que no tengan un buen nivel de enseñanza.
  • Recién después de igualar esta base y saber que las escuelas están permitiendo que las desigualdades provocadas por la cuna sean disminuidas,  volvería la educación superior gratuita.

Siento que llegar y hacerla gratuita ahora implicaría que gente de mucha plata termine sin deuda pero no cambiaría los seleccionados para las carreras porque no estaríamos mejorando la calidad ni tampoco cambiando el sistema de selección. Esto podría incluso aumentar la desigualdad actual.  Aún así, me alegra que no nos estemos conformando con las migajas que nos han tirado.

El Estado existe -desde una perspectiva económica- porque el mercado no es perfecto . Lo que hoy se pide, simplemente, es que el Estado haga su trabajo.

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4 Respuestas a “No más migajas

  1. Estimada:
    Pediría gratuidad, tomando de base una reforma tributaria completa. Me parece absurdo que una persona natural tenga más impuesto que una persona jurídica. Si aumentamos el tributo a las empresas y a las grandes riquezas (es cosa de mirar a Francia y los multimillonarios piden eso!), esto se puede lograr. Aún si esto no fuese posible, aranceles diferenciados, pero hay que cambiar la manera en que se “clasifica” a las personas. Me parece absurdo que tener un millón de pesos te iguale al quintil de Piñera.
    En cuanto a los colegios, no eliminaría a los subvencionados. Personalmente, salí de uno excelente. Y mira, es SIN FINES DE LUCRO. Y acá aclaro, el lucro es que las empresas puedan sacar dinero de sus ingresos y paren en sus bolsillos. Obvio que un colegio puede cobrar, pero que ese dinero se REINVIERTA en el mismo establecimiento. Lo otro, que un profesor cobre un sueldo es completamente distinto al lucro.
    En fin, también reformaría la constitución (sí, un plebiscito! a qué le tienen miedo ahora? con Pinochet fácilmente lo hicieron y salió esa caca de CPR) y cambiaría el binominal (que de representativo no tiene nada y ya Chile maduró, tiene pantalones largos, para poder tener un sistema realmente democrático)
    Eso. Saludos.
    PD: recomiendo leer el libro de Atria, mercado y educación. Aunque hace un análisis bastante constitucionalista (ponderación de derechos)

  2. Yo lo único que rescato del movimiento es que se ponga como prioridad la educación. Sin embargo, considero que hay desafíos como la pobreza extrema, el precario sistema de salud y una mal enfocada y dejada de lado política de capacitación laboral.

    Lo que me molesta del movimiento es que intentan imponer una forma, a mi juicio ineficiente, de entender la educación. Para mi lo que debe promoverse es alcanzar la mejor solución posible para el problema existente. La demanda es clara, educación de calidad, sin embargo las propuestas planteadas por los estudiantes no apuntan a ello. Es más, no apuntan a la sala de clases, se basan en reformas macro, que en la práctica no modificarán la manera como se desarrolla una clase en ninguna escuela.

    Pero siguiendo los puntos que planteas, la educación gratuita, a mi juicio, no se justifica. Primero, porque existe gente con capacidad de pago que no es justo que se subsidie. Segundo, porque la educación genera beneficios individuales importantes, lo cual hace que costos son perfectamente pagables en el tiempo.

    En educación superior, considero que el Estado debe asegurar créditos, a la tasa más baja posible, regular que los aranceles que se cobren sean adecuados (Que no se incluya gasto en investigación, burocracia no asociada a la enseñanza de la carrera, otro), independientes de si se lucra o no. Del mismo modo, debe asegurar que la calidad que se entrega cumpla cierto estándar. Para mi basta con que los aranceles sean competitivos, no exista colusión y se garantice calidad, si eso tiene asociado lucro o no, me da igual.

    En educación general, considero que el sistema de voucher es adecuado, ya que no obliga al Estado a proveer el servicio educacional. Permite la entrada de privado al juego y fomenta diversidad y colegios que se adapten a las necesidad de cada familia (incluso de carácter valórico). Lo que si es inadecuado es el financiamiento compartido. Yo modificaría implementaría un voucher único, es decir, sólo permitiría que se financie mediante un voucher la educación, sin embargo haría depender el aporte del Estado a, según capacidad de pago, con lo cual no se discriminaría a los niños de menores recursos, ya que al final del día el prestador de servicios educacionales recibirá lo mismo, independiente del niño que atienda.

    Lo referente a estandarizar el currículo es importante, pero mientras los profesores no tengan buenos conocimientos en pedagogía ni en domine los contenidos que debe enseñar, cualquier medida será estéril y tendrá nulo efecto.

    El foco debe ser la formación docente, tanto con carrera docente que premie al profesor competente, fin del estatuto docente y la posibilidad de sacar del sistema a todo aquel profesor incompetentes.

  3. Creo que hay una diferencia entre definir objetivos –como lo puede ser una educación superior gratuita– y definir el proceso técnico que logre establecer esos objetivos en la práctica –la estrategia que permita tener educación superior gratuita, considerando que puede tomar un tiempo establecerla, etc.– por lo que no veo el problema con que hoy se pida educación gratuita. Y estoy de acuerdo con la primera comentarista que dice “reforma tributaria”, aunque no descarto subir también el impuesto a las personas. Todo pasa por evaluar a tienes beneficia, y por tanto considerar no solo los impuestos sino también las transferencias, por qué, equidad generacional, eficiencia del sistema, etc.

    Con respecto a los vouchers, que menciona Juan Pablo, han mostrado efectividad en expandir la cobertura del sistema, pero está en duda si mejoran la calidad del sistema. Y la educación como mercado presenta muchas fallas de mercado –asimetrías de información, problemas de incentivos por los vouchers y señalización, costos de cambio de escuela, problemas de agencia, etc.– por lo que creo que es cuestionable el estado actual del sistema de escuelas subvencionadas. Pero es cierto, reflexionándolo, uno no puede esperar que de la noche a la mañana. Creo que hay que asegurar el no-lucro, con fiscalización fuerte, fiscalizar fuertemente también el tema de la selección –aún hay problemas con eso– y tras eso, crear algún mecanismo que permita a los padres seleccionar de mejor forma a donde desean que sus hijos estudien. Yo también estudié en un colegio subvencionado que funcionaba bien, y que en el momento en el que yo estudiaba dependía tanto de sus dueños como de una fundación sin fines de lucro. Luego la fundación se retiró, los dueños crearon otro organismo que asegurara ingresos, con lo que también empezaron a mostrar más afán de lucro, y eventualmente también mayor ambición, lo que en la práctica ha generado conflictos entre los centros de alumnos y padres, más algunos profesores, con la dirección y los dueños.

    Estoy de acuerdo con dos cosas eso si. Es importante el nivel “micro” –no solo microeconómico, sino microsociológico, y a nivel de valores que queremos inculcar en la educación– y creo que un sistema que exija calidad debe exigir también diversidad y fomentar creatividad, autoestima y formación cívica. Y también con que los profesores sean evaluados. Ahora, creo que aquí hay dos cabezas duras: el colegio de profes por un lado, pero también los distintos gobiernos de turno por el otro. En vez de hacer un trabajo conjunto e incluyendo además a profesores jóvenes y estudiantes de pedagogía, lo que han hecho es que (no necesariamente en este orden) el Estado “propone”, más o menos a la fuerza, un sistema de evaluación sin incluir a los profesores en su diseño, y los profesores rechazan de forma sistemática y automática toda propuesta de evaluación que signifique internalizar efectivamente a los mismos profes la necesidad de mejorar sus capacidades. Lo que se olvida a veces, es que ambos organismos son importantes y deberían trabajar en conjunto. El Estado, creo que su importancia es obvia. El Colegio de profesores, es el organismo de representación que tiene uno de los grupos profesionales menos valorados del país. En Finlandia, la “revolución educativa” fue un trabajo conjunto entre profesores y Estado. Lo que implica negociar y ceder (y ganar) para ambas partes.

  4. Si bien se ha dicho casi todo aquí, y concuerdo mucho más con lo dicho por Juan Pablo, sólo quisiera referirme a un punto de lo expresado por la Clau:
    No puedes eliminar a las universidades con malos resultados y pretender que eso sea un incentivo a la calidad; siempre existirán mejores y peores instituciones, en el ámbito que sea.
    La calidad por decreto no sirve y la solución para ciertos problemas que vivimos ahora pasa por definir qué es lo que entendemos por Universidad, fijar características mínimas que identifiquen el funcionamiento de una y así eliminar casos patéticos como el de la “Universidad Chileno-Británica” por nombrar sólo una.

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