Bored in translation

 Por Eduardo Jimenez

Muchos que me conocen han visto las fotos que he subido a Facebook, otros que no me conocen se preguntaran que onda con este titulo (si, lo sé, es copia de Lost in Translation de Sophia Coppola), pero mucho de lo que escribiré hoy tiene que ver con estos 27 días que llevo en Japón.

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Desde el primer momento que llegue al aeropuerto de Kansai (aeropuerto internacional cerca de Osaka), he sentido como si no hubieran pasado 6 años desde que regrese a Chile. Lo cual me ha perturbado fuertemente, sobre todo porque antes de bajar del Avión sentía una fuerte confusión, entre felicidad y tristeza, entre nostalgia y el deseo de recorrer lugares nuevos. Sin embargo, lo primero que sentí al cruzar aduanas fue como si todo estuviera igual. Puede que a primera vista suene a que estoy reclamando, o indicando una insatisfacción por no encontrar cambios en el país; sin embargo, lo que sentí fue tal familiaridad, que simplemente me sentí muy cómodo sabiendo que estaba en el mismo lugar que había dejado hace varios años atrás.

Fue tan fuerte el sentimiento de haber apretado play después de un muy largo estado de pausa, que desde el día 1 no me sentí como turista, sino como un gaijin más.

Pero eso no quiere decir que todo esté igual o que no me este divirtiendo; tampoco significa que me haya vuelto otro japonés más. Es por eso que con los siguientes puntos, comentaré las cosas que echaba de menos (y algunas que no echaba de menos).

Abuelitas amables – en Japón las abuelas son infinitamente amables, si es que puedes comunicarte con ellas. Te cuentan su vida, te ayudan con tips, te guían a donde vas si te pierdes, e incluso algunas usan el pelo morado, que mejor. Sin estas abuelitas, difícilmente lograría sobrevivir en Japón.

Abuelos gruñones – algo que definitivamente no echaba de menos de Japón son los abuelos cascarrabias y groseros, que piensan que por ser viejos pueden hacer lo que quieran, como empujar tu bicicleta para tener espacio para la de ellos, no respetar la fila para comprar tickets de tren o gritarte porque según ellos estas bloqueando su paso. Ojalá estos ancianos de 70 años se murieran pronto, pero lamentablemente, la mayoría todavía tiene 30 años más de vida.

Pensamiento cooperativo – creo que esto es lo que más me agrada de Japón, porque demuestra que no son personas egoístas que simplemente piensan en ellos y sólo ellos (la cual es mi mayor crítica a las sociedades occidentales y particularmente Chile, donde hasta llegan a asaltar las bibliotecas para que nadie pueda leer los libros y estudiar). Es siempre grato ver como gente hace trabajo para ayudar a sus comunidades y se preocupan incluso por mantener la seguridad y la limpieza de sus barrios sin tener ni un incentivo económico de por medio.

Prejuicios – algo que odio de Japón son los prejuicios. Dentro de su cultura, todo debe tener una estructura, todo lo que es de cierta forma debe ser de cierta forma. Por lo tanto, una mujer debe ser de ciertas formas, un hombre debe actuar de cierta forma, los extranjeros todos hablan inglés, etc. Esto es horrible, porque por más que uno intente explicar que las cosas pueden ser distintas, estos japoneses no hacen el esfuerzo por entender nada.

Pero bueno, todo país tiene sus cosas buenas y sus cosas malas. Lo especial, es que al ester lejos uno se da cuenta de estas diferencias, pudiendo aprender como quererlas o como odiarlas. Pero sin dudas, uno siente que no hay nada como su propia tierra, pero nada peor que estar demasiado en ella. Es algo extraño explicarlo, pero creo que Serenata a la tierra de uno explica mucho mejor que yo lo que siento.

Así que de apoco seguiré subiendo fotos y/o vídeos of the freaky Japan.

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3 Respuestas a “Bored in translation

  1. “Pero sin dudas, uno siente que no hay nada como su propia tierra, pero nada peor que estar demasiado en ella.” No pudiste decirlo mejor, es como amar a la mamá pero no querer verla todos los días, no?
    Tienes dos países que son tu hogar, después de la beca, deberías darte una vuelta por otros lugares.

  2. Gracias por el comentario!, jajajajaja, no se si sea como la Mamá, más bien uno sufre viendo a los demás sufrir, es como un dolor por transitividad :p. Cuando uno quiere a su país, no quiere a su bandera (odio esas ideas nacionalistas mulas tipo militaroides, incluso destruiria nuestro horrible himno nacional si pudiera, jijijiji), sino que uno quiere a la gente y mientras sufran uno sufre y anda gruñón como yo todo el tiempo :(.

    Se les hecha de menos.

    Saludos

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